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18-01-2017

El equilibrio ácido-base del organismo

pH Organismo El equilibrio ácido-base del organismo es esencial para tener buena salud. Diversas reacciones enzimáticas dependen del mantenimiento en un estrecho límite del pH de los medios extra e intracelulares. Una ruptura de este equilibrio puede ser el origen de numerosos problemas de salud. Nuestra alimentación y nuestras costumbres alimentarias hacen que la balanza se incline hacia la acidificación. Una alimentación más equilibrada, la práctica de ejercicio físico y la toma de complementos nutricional a base de minerales y vegetales alcalinizantes permiten con frecuencia restablecer un correcto equilibrio.

En la terminología médica, cuando se habla del equilibrio ácido/base se hace referencia al pH (potencial de hidrógeno) sanguíneo que debe mantenerse cercano a 7,4 (ligeramente alcalino o básico).

Regulación del equilibrio ácido-básico

El equilibrio ácido-básico en la sangre y los tejidos reviste tal importancia que numerosas funciones biológicas están implicadas en su regulación, incluidos la respiración, la excreción, la digestión y el metabolismo celular. En la circulación sanguínea, unas sustancias denominadas tampones actúan químicamente contra las modificaciones del pH. En la sangre, los compuestos más importantes son el bicarbonato, la albúmina, la globulina y la hemoglobina.
Los riñones también reaccionan ante el pH sanguíneo. Si la sangre es demasiado ácido, estos excretan en la orina el excedente de hidrógeno y retienen el exceso de sodio. El fósforo, en forma de fosfato, es indispensable para este intercambio. El organismo lo obtiene de los huesos cuando no está disponible de otro modo. Cuando la sangre está extremadamente ácida, los riñones utilizan un método diferentes y excretan en la orina los iones de amonio. Cuando el organismo es demasiado alcalino, el proceso se invierte para retener los iones de hidrógeno.
Los pulmones participan también en la regulación del equilibrio ácido-base eliminando el dióxido de carbono de la sangre. El dióxido de carbono se combina en el cuerpo con el agua para formar el ácido carbónico, de manera que eliminar el dióxido de carbono equivale a eliminar el ácido. El ritmo respiratorio puede variar en función de la acidez del cuerpo, acelerándose en condiciones ácidas para eliminar el dióxido de carbono y ralentizándose en condiciones alcalinas para retener los ácidos y reducir la alcalinidad. Al igual que el pH de la circulación sanguínea se mantiene bajo un estricto control, el entorno ácido-alcalino del interior de las células también está regulado para mantenerse en unos estrechos límites. La regulación se puede hacer gracias a una bombas en las membranas celulares que permiten que el hidrógeno entra o sale de las células. La mayoría de estas bombas necesitan fósforo o magnesio para funcionar. La regulación del pH del interior de las células también puede realizarse mediante modificaciones de las reacciones químicas que producen cantidades de hidrógeno más o menos importantes.

Evaluar la acidez o la alcalinidad de su cuerpo

Los más fácil es analizar el pH de su orina con las tiras de papel de pH. La tira, humedecida con la orina, se colorea de inmediato y cada color corresponde a un pH. La primera orina excretada al despertarse por la mañana puede tener un pH de 5 o incluso inferior. El cuerpo se deshace de su acidez durante el sueño. A lo largo del día, un pH sano debe estar entre 7 y 7,5.

Reacciones reguladores de la acidosis o la alcalosis

En caso de acidosis, el pH de la sangre es demasiado ácido (inferior a 7,35). En este caso, los sistemas tampón de la sangre reaccionarán para que el pH evolucione hacia un pH alcalino y el ritmo de la respiración aumentará para eliminar el ácido carbónico mediante la exhalación de dióxido de carbono. A continuación, los riñones aumentarán la acidez de la orina y el equilibrio se restablecerá rápidamente.

La acidosis no está causada por la absorción de alimentos ácidos como el limón o la naranja, sino que resulta con más frecuencia de problemas metabólicos, como la diabetes o el hambre, enfermedades renales o problemas respiratorios que limitan la liberación de CO2 por parte de los pulmones.

La alcalosis, menos habitual que la acidosis, puede ser el resultado de la hiperventilación (una respiración muy rápida), una pérdida de ácido estomacal causada por unos vómitos excesivos, el uso excesivo de antiácidos o medicamentos contra las úlceras. En este caso, el sistema de tampones de la sangre se ajustará en dirección del ácido, la respiración se hará menos profunda para conservar el CO2 y aumentar las concentraciones sanguíneas de ácido carbónico. También aquí los riñones contribuyen al equilibrio excretando mas orina alcalina.

Un equilibrio que se inclina hacia la acidez

Estas reacciones de regulación funcionan cuando el organismo goza de buena salud. La tendencia natural de nuestro cuerpo es no obstante inclinar el equilibrio hacia la acidez y su propio metabolismo produce sin cesar desechos ácidos eliminados esencialmente por los riñones y los pulmones. Cuando el funcionamiento de estos órganos se ve alterado bajo la influencia de factores acidificantes, la producción de ácido se vuelve demasiado importante y los residuos se expulsan hacia el tejido conectivo para que el pH sanguíneo conserve un valor normal. Este proceso de acidificación puede tener como consecuencia la acidosis tisular crónica que acelera el proceso de envejecimiento y constituye un terreno propicio para la aparición de numerosas enfermedades.

La química ácido/base de la digestión

Las células de la pared estomacal secretan ácido clorhídrico. Este ácido es lo bastante fuerte para causar una ligera sensación de quemazón si se coloca en la piel, pero el estómago está protegido por el moco secretado por el resto de células. El ácido clorhídrico tienen dos importantes funciones: actúa directamente sobre los alimentos esencialmente sobre las proteínas, iniciando el proceso de degradación denominado hidrólisis y facilitando el trabajo de una importante enzima, la pepsina. Cuando no hay suficiente ácido clorhídrico, la pepsina está inactiva, lo que resulta en una mala digestión.
El pH normal del estómago se sitúa entre 1,5 y 2,5 (muy ácido). Los alimentos absorbidos lo neutralizan en cierta medida. Pero el estómago es capaz de volver a acidificarse en el transcurso de una comida para terminar el proceso de la digestión. Durante este tiempo, los alimentos se reducen a una masa semilíquida denominada quimo, cuyo pH, mucho menos ácido, se sitúa entre 3,5 y 5, listo para pasar al intestino delgado.

La digestión continúa en el intestino delgado bajo la acción de las enzimas segregadas por el páncreas, la vesícula biliar y la pared intestinal. Pero aquí hay una diferencia fundamental. Mientras que la etapa inicial de la digestión en el estómago requiere un medio muy ácido, las etapas posteriores exigen un medio alcalino. Es la razón por la que el 90% de la absorción total se produce en el intestino delgado y por la que su tejido absorbente es extremadamente sensible. Este importante y rápido cambio a pH alcalino se produce en el páncreas, que segrega las cantidades necesarias de bicarbonato. De hecho, a diario el páncreas puede producir el equivalente a 6 comprimidos de Alka-Seltzer. La digestión es por tanto un proceso
complejo y delicado en el que participan mecanismos de reacción entre el estómago y el páncreas para mantener los niveles óptimos ácido/base. La utilización excesiva de cualquier medicamento que altere este equilibrio es potencialmente perjudicial.

Los alimentos acidificantes o alcalinizantes

La alimentación proporciona iones hidrógeno (ácidos) o bicarbonatos (básicos). Según predominen o no los iones de hidrógeno, la sangre es más o menos ácida.
Un exceso de acidez en la sangre puede aumentar el riesgo de osteoporosis, diabetes, ateroesclerosis, hipertensión o determinados cánceres.
En la etapa final de producción de energía, el contenido mineral de los alimentos no se oxida. Queda por tanto un residuo alcalino, ácido o neutro, según la mezcla de minerales que se encuentre en los alimentos. El azufre, el fósforo y el hierro forman iones ácidos en el organismo. Estos minerales se encuentran principalmente en las proteínas, como la carne, el pescado, los huevos, las aves, los cereales o las nueces. Estos alimentos son por tanto alimentos acidificantes. El potasio, el calcio, el magnesio y el sodio forman reacciones alcalinas en el cuerpo. Se encuentran principalmente en las frutas y las verduras que se denominan por eso alimentos alcalinizantes o generadores de bases.
Todo es una cuestión de equilibrio. Así por ejemplo, la leche es rica en proteínas, azufre y fósforo y se podría pensar que es un alimento que forma ácidos. Pero contiene calcio suficiente para mantener el equilibrio y ser casi neutro. El metabolismo y la digestión de cada persona tienen además un papel determinante en el hecho de que un alimento deje un residuo alcalino o ácido. Por ejemplo, determinados alimentos que contienen ácidos orgánicos, como los limones o los tomates, normalmente no deberían dejar residuos ácidos. Pero en determinadas personas, pueden metabolizarse de forma incompleta y volverse alimentos acidificantes en su caso. Este suele ser el caso cuando los niveles de los ácidos estomacales son bajos o cuando la actividad de la tiroides está alterada.

Otros elementos influyen también en el equilibrio

Los factores metabólicos o de estilo de vida también afectan a la acidez del cuerpo y las reacciones de los alimentos. Las infecciones, el tabaco, el consumo de alcohol también tienen tendencia a acidificar el organismo. Además, el contenido de la alimentación en elementos traza afecta también al equilibrio ácido-base. Para el buen funcionamiento de las bombas celulares se necesitan unas cantidades adecuadas de magnesio y fósforo. El zinc es indispensable para la secreción de ácido en el estómago y para la retención o la excreción del ácido por parte de los riñones. Además, otros nutrientes como las vitaminas B, desempeñan una papel crucial en la oxidación completa de los hidratos de carbono y las grasas.

Consecuencias para la salud

Durante décadas se ha creído que las propiedades formadoras de ácidos o bases de nuestra alimentación solo eran importantes para los pacientes que sufrían cálculos renales. Una alimentación alcalina, que de prioridad a las frutas y las verduras, produce más orina alcalina y se utilizaba para tratar los cálculos de ácido úrico. Una alimentación acidificante, rica en carne, pescado y cereales, se utiliza para los cálculos de oxalato.

Osteoporosis y equilibrio ácido-base

El mejor ejemplo de los efectos nocivos sobre la salud de una alimentación demasiado acidificante probablemente sea el de los factores ácido-base sobre la salud de los huesos. La acidosis acelera los daños catabólicos y altera los procesos de reparación anabólica.

Se sabe desde hace tiempo que una alimentación rica en proteínas aumenta el riesgo de osteoporosis. Los estudios epidemiológicos han sugerido en efecto que existe un vínculo entre el consumo de proteínas animales y la osteoporosis. Los estudios indican que las personas que consumen más frutas y verduras tienen una densidad mineral ósea más elevada que aquellas que consumen menos. También hay estudios que muestran una multiplicación por tres o cinco de las fracturas en los adolescentes que consumen bebidas ácidas (refrescos) con regularidad.

La orina de las poblaciones vegetarianas es más alcalina que la de las poblaciones carnívoras. En estas últimas, la acidez proviene del metabolismo de los aminoácidos sulfurosos y el consumo de frutas y verduras junto a la carne permite restablecer el pH urinario. La ingestión de alimentos acidificantes o alcalinizantes tiene un efecto sobre los huesos, ya que el esqueleto desempeña un papel en el equilibrio ácido-base liberando calcio entre otras sustancias, cada vez que hay un exceso de ácidos.

Cuando el organismo no produce ácidos eliminables (en especial por falta de vitaminas y oligoelementos) o si existe una sobrecarga de la acidez total (ácidos de origen alimentario y metabólico), este exceso se almacena en el tejido conectivo, que los residuos ácidos que los riñones y los pulmones no han podido eliminar. Si no se elimina el exceso de ácido, este se acumula año tras año en el tejido conectivo: se trata de la acidosis tisular crónica que afecta al transporte de oxígeno y la nutrición de las células y prepara el camino para la aparición de enfermedades.

Un estudio se planteó la cuestión del interés de un tratamiento alcalinizante en los sujetos cuya alimentación provoca una acidosis metabólica de bajo nivel. Los datos experimentales y epidemiológicos respaldan la influencia beneficiosa de los alimentos alcalinizantes sobre la salud de los huesos y la nefasta influencia de una alimentación acidificante sobre el riesgo de fracturas. La acidosis refuerza de hecho la actividad de los osteoclastos responsables de la reabsorción ósea e inhibe la de los osteoblastos y, en consecuencia, la de la formación óseo. En estudios metabólicamente controlados en mujeres menopáusicas con buena saludo, el aporte suplementario de bicarbonato de potasio, que aumenta los niveles de bicarbonato plasmático solo ligeramente para mantenerlos en valores normales, provoca de manera inmediata y reversible una detención casi total de la excreción urinaria de los ácidos. Al mismo tiempo se restablece el equilibrio de calcio y fósforo. Estos datos incitan a los investigadores a pensar que un aumento del consumo de frutas y verduras o un complemento alcalinizante podría prevenir o retrasar la expresión de la osteoporosis, la pérdida muscular y los cálculos renales que contienen calcio, ya que previene o corrige la acidosis de bajo nivel que se observa en la personas ancianas.

Restablecer el equilibrio

Restablecer el equilibrio ácido-base del organismo pasa por poner en práctica consejos dietéticos adecuados, mediante la oxigenación y la toma de complementos nutricionales alcalinizantes.

La alimentación debe dar prioridad a los alimentos alcalinizantes, como las frutas y las verduras, y reducir el espacio de los alimentos acidificantes, como la carne, el pescado o los cereales.

El ejercicio físico, sobre todo al aire libre, acelera el ritmo respiratorio y estimula la diuresis, lo que contribuye también al restablecimiento del equilibrio.
En determinados casos, la corrección de la alimentación y una mejor higiene de vida no bastan para compensar el estado de acidosis tisular. Son entonces indispensables complementos nutricionales a base de vegetales y minerales alcalinizantes para restablecer el equilibrio ácido-base.



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